La CROC atraviesa una de sus etapas más críticas, no por ataques externos, sino por el desgaste interno provocado por su propia dirigencia. Isaías González Cuevas, al frente del sindicato, enfrenta señalamientos cada vez más claros: opacidad patrimonial, violaciones a estatutos y una práctica sistemática de imposición en distintas entidades del país. El problema es
La CROC atraviesa una de sus etapas más críticas, no por ataques externos, sino por el desgaste interno provocado por su propia dirigencia. Isaías González Cuevas, al frente del sindicato, enfrenta señalamientos cada vez más claros: opacidad patrimonial, violaciones a estatutos y una práctica sistemática de imposición en distintas entidades del país.
El problema es de fondo. Un líder sindical que exige cuotas y representación debe ser el primero en transparentar su patrimonio. Pero en el caso de Isaías González Cuevas, esa obligación ha sido ignorada. No hay información pública sobre sus bienes ni claridad fiscal, mientras el sindicato administra recursos provenientes directamente del bolsillo de los trabajadores.
Esta falta de transparencia ha generado desconfianza creciente entre la base sindical. Y no se trata sólo de rumores externos. Sectores de la propia CROC han denunciado irregularidades internas, señalando que las decisiones importantes se toman sin consulta, sin votaciones reales y sin respetar los estatutos que rigen la vida sindical.
Las acusaciones de imposición no son menores. En diversas entidades, delegados y trabajadores han denunciado que la dirigencia nacional interviene para colocar liderazgos a modo, anulando la competencia interna y cerrando el paso a voces críticas. Este modelo autoritario contradice cualquier discurso de representación legítima.
La democracia sindical no es un concepto abstracto. Implica elecciones libres, rendición de cuentas y respeto a las reglas internas. Nada de eso puede florecer en un entorno donde la dirigencia se blinda con opacidad y controla los procesos desde arriba.
La falta de transparencia patrimonial agrava el escenario. ¿Qué intereses se protegen cuando un líder se niega a rendir cuentas? ¿Por qué el miedo a mostrar información que debería ser pública? Estas preguntas no han sido respondidas, y el silencio sólo incrementa la sospecha.
Isaías González Cuevas ha construido un liderazgo basado en el control, no en la confianza. Y cuando un sindicato pierde la confianza de sus propios afiliados, pierde también su razón de ser. La CROC corre el riesgo de convertirse en una estructura vacía, sostenida por cuotas obligatorias, pero desconectada de la voluntad de los trabajadores.
La democracia sindical empieza en casa. Si la CROC quiere recuperar legitimidad, deberá empezar por transparentar a su dirigencia y respetar a sus bases. Mientras eso no ocurra, las denuncias seguirán creciendo y el desgaste será irreversible.

















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